DIDASKALOS

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lunes, 12 de septiembre de 2016

Otro Byron en Grecia

El nombre de Byron quedó indisolublemente ligado a Grecia después de que el poeta romántico inglés participara en la lucha griega por la independencia y encontrase la muerte en Mesolongui en 1824. Cien años después, en agosto de 1925, un compatriota suyo con el mismo apellido atravesó Europa en automóvil, se embarcó en Brindisi con destino a Patras y pasó unas semanas en Atenas. En los años siguientes regresaría a Grecia en dos ocasiones y visitaría los monasterios del Monte Atos. Robert Byron (1905-1941) fue uno de los grandes viajeros de la época de entreguerras. Además de Grecia y Turquía visitó la Rusia soviética, el Tíbet, Afganistán, la India y las estepas de Asia Central. Sus escritos estimularían el espíritu viajero de autores como Patrick Leigh Fermor o Bruce Chatwin. Pero su carrera de escritor quedó truncada en el Atlántico Norte el 24 de febrero de 1941 por un submarino alemán que torpedeó el buque en el que viajaba. Faltaban dos días para que cumpliera los 36 años, la edad que tenía lord Byron cuando falleció en Mesolongui.


Fruto de los viajes de Robert Byron a Grecia fueron dos libros que ha publicado en español la editorial Confluencias. El primero, que lleva por título Europa en el parabrisas (Europe in the looking-glass), es la crónica del viaje que realizó Byron con 20 años desde Londres hasta Atenas en compañía de dos jóvenes amigos. El cuarto protagonista del libro es el automóvil que les sirvió de medio de transporte y al que bautizaron como Diana.


En la primera parte Byron y sus amigos, después de desembarcar en Hamburgo, recorren Alemania, cruzan los Alpes por Austria y atraviesan Italia de Norte a Sur hasta llegar a Brindisi. Apenas se detienen en los lugares por los que pasan. Tan sólo lo necesario para realizar trámites bancarios o gestionar permisos para el vehículo. A veces son las averías de Diana las que les obligan a demorarse unos días. Los jóvenes viajeros aprovechan cada ocasión para disfrutar de la vida nocturna, asistir a la ópera o incluso a la final de la Copa de Italia de fútbol. El tono frívolo y desenfadado preside el libro, aunque Byron incluye agudas observaciones sobre las costumbres de los lugares que visita y las personas con las que se encuentra. No en vano el objetivo final del autor es proporcionar en cierta, aunque desequilibrada medida, una imagen del continente del cual Inglaterra forma parte para contribuir de alguna forma a un nuevo sentido de "Conciencia Europea" que se esté formando. Resulta llamativo leer estas frases de Byron apenas unos meses después del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea.

Nuremberg. Dibujo a lápiz de Robert Byron

Automóvil Sunbeam de 1925, como el que usó probablemente Byron en su viaje

La segunda parte del libro se centra exclusivamente en Grecia, objetivo último del viaje. Después de un accidentado desembarco de Diana en Patras, un trayecto en tren hasta Corinto y un último tramo por carretera, nuestros viajeros llegan finalmente a Atenas. Allí se alojan en el hotel Grande Bretagne y entran en contacto con otros compatriotas destinados en la Legación Británica que les introducen en la vida social de Atenas. Los días transcurren plácidamente entre fiestas, paseos, visitas turísticas y baños en el mar. A lo largo de las páginas que describen estas intensas semanas pasadas en Grecia el autor transmite la impresión de haber disfrutado cada momento y haber sido realmente feliz. También hay espacio para las preocupaciones sociales y políticas. Byron se interesa por la situación de los refugiados procedentes de Asia Menor, que se hacinan en barrios de Atenas y El Pireo después del desastre de Esmirna. Se entrevista además con un representante de los griegos del Dodecaneso, que denuncia la situación de las islas bajo la soberanía de la Italia fascista.


El tono del segundo libro de Byron sobre Grecia es algo diferente. Su título en la edición española es Grecia, viaje al Monte Atos (The Station. Athos: Treasures and Men). Una de las cosas que más llamó la atención de Byron en su primer viaje a Grecia fueron los restos de su pasado bizantino, que aprecia incluso por encima del legado de la Antigüedad Clásica. Para conocerlos y estudiarlos mejor regresó a Atenas al año siguiente y recorrió varios lugares de Grecia y Turquía, entre ellos el Monte Atos. Después de pasar otro año en Inglaterra decidió volver a la Montaña Santa para fotografiar, con la ayuda de dos compañeros, los frescos de las iglesias de los monasterios y convivir de nuevo con los monjes que allí habitan.
Mientras la cultura clásica sigue inspirando a medio mundo a través de libros y monumentos, yo he elegido ocuparme de una comunidad viva y vinculada con el pasado, que se ha conservado hasta ahora gracias a un increíble conjunto de circunstancias. Hacia allá me dirijo, por tierra y mar, en lugar de hacerlo a través de las páginas de un libro o de las salas de un museo. Del Imperio bizantino, cuya vida ha dejado su impronta en el Levante y cuya moneda circulaba desde Londres hasta Pekín, el sagrado Monte Atos, solitario e impenetrable, conserva tanto la forma como el espíritu.
Monasterio de Dioniso (fotografía de Robert Byron)

Monasterio de Gregorio (fotografía de Robert Byron)

Es la forma más que el espíritu lo que exalta el ánimo de Byron en su recorrido por el Monte Atos. Se siente fascinado por la arquitectura de los monasterios y la originalidad de la pintura bizantina, que ensalza como fuente de la pintura occidental desde el Renacimiento, especialmente a través de la figura de El Greco. El imponente paisaje de la península del Atos, con sus agrestes bahías, barrancos, altas cumbres y espesos bosques, inspira líricas descripciones de nuestro autor. Pero su espíritu mundano y juvenil se adapta peor a la austeridad y las incomodidades de la vida monástica. Las comidas, las chinches, la falta de higiene de los monjes y su desesperante indolencia a la hora de facilitar la tarea de Byron y sus compañeros son el blanco predilecto de sus críticas. La imagen que nos muestra de los monjes dista mucho del idealizado asceta liberado de las pasiones y entregado a la vida contemplativa. Pero precisamente por ello su relato resulta más creíble y nos ofrece una rica galería de de personajes que por diversos motivos han acabado en la Montaña Santa.

Monje del Monte Atos fotografiado por Robert Byron

Monasterio de Simonopetra (fotografía de Robert Byron)

Vista desde el monasterio de Gregorio (fotografía de Robert Byron)

Cuando finalmente Byron se embarque de regreso a la civilización no podrá evitar una mirada nostálgica hacia ese mundo casi irreal que deja atrás.
La calma se apodera de todo y navegamos al socaire de Thasos. La proa apunta a los cerros de color púrpura brumoso, mientras el sol poniente deja una estela de oro en los mullidos pechos de las nubes. Se ve Cavalla, una mancha blanca. Casas, iglesias, minaretes, tranvías, hoteles. Es como un lamento del viento por los avatares de la vida. La embarcación toma rumbo sur, donde la oscuridad se desprende del agua. Allá, tras aquel banco de nubes en lo alto, se adivina una forma, un triángulo en el cielo. Es la Montaña Sagrada de Athos, lugar de fe donde el tiempo se ha parado.
Vista desde la cumbre del Monte Atos



viernes, 8 de julio de 2016

¿Quién es Glafcos Zrasakis?


Sobre Zrasakis nos dice la Encyclopédie Universalis que es «el seudónimo literario de Lázaro Lazaridis, un escritor griego que pasó gran parte de su vida lejos de su patria a causa de una epidemia de cólera y de la sentencia de un tribunal militar, que le condenó en rebeldía según la ley 509/1947, por contrabando de antigüedades ("extracción de una parte del conjunto del territorio nacional"). Publicó pocas obras en vida. La mayor parte de ellas permanecieron inéditas y en cierto momento se las confió a la biblioteca de una importante universidad estadounidense, donde tenía la intención de trasladarse como escritor residente -writer in residence- y trabajar sobre ellas con calma. Pero este hermoso sueño no se cumplió nunca, porque antes, por una inconcebible complicación del azar, se lo comieron los caníbales de Nueva Guinea -que después se hicieron vegetarianos-, más o menos en la misma época en que devoraron al hijo de Rockefeller. La entrega de los manuscritos a la universidad en cuestión se realizó con una condición: que no se abrieran, en caso de accidente, hasta veinticinco años después de su muerte, es decir hasta el año 2003».
Esta breve nota biográfica incluida en la introducción contiene el embrión de Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis (Γλαύκος Θρασάκης), novela del autor griego Vasilis Vasilicós, publicada en español por la editorial asturiana Hoja de Lata en una cuidada traducción de Ángel Pérez González.


Nos encontramos ante una obra de difícil clasificación. Tiene la forma de una biografía novelada, pero al tratarse de un personaje ficticio podríamos hablar más bien de una novela biografiada. El personaje de Glafcos Zrasakis comparte protagonismo con el narrador de la historia, un anónimo investigador que llega a obsesionarse tanto con el objeto de su investigación que duda de su propia identidad y termina por sospechar que el propio Zrasakis no es más que un producto de su imaginación. La trama de la novela es doble, ya que la peripecia vital de Zrasakis, involucrado a su pesar en un turbio asunto de espionaje, se va desvelando en paralelo a las pesquisas del narrador de la historia. Para complicar más este juego de espejos que es la novela, hay que entender la figura de Zrasakis como alter ego del autor, Vasilis Vasilikós, que también sufrió el exilio por sus ideas políticas en la época de la dictadura de los coroneles.

Vasilis Vasilikós
 En la nota a la edición española Vasilikós se confiesa ferviente admirador de Cervantes y efectivamente se pueden encontrar en su novela ecos de la técnica narrativa del autor del Quijote. Así, la inclusión de algunos relatos del propio Zrasakis en el curso de la historia nos remite a las abundantes digresiones narrativas de la primera parte del Quijote. Por otro lado, Vasilikós retoma el juego cervantino del autor fingido: Glafcos Zrasakis sería una especie de Cide Hamete Benengeli, que acaba por robar el protagonismo a su propia obra y a sus personajes, que sólo son citados y comentados de manera parcial por el narrador como testimonio indirecto de la personalidad de Zrasakis.
 
Lo poco que sé de Glafcos Zrasakis no es una novela unitaria, sino lo que Vasilikós califica como un work in progress. A partir de 1974 se publicaron tres novelas sobre el mismo personaje, que posteriormente fueron refundidas en un sólo volumen. En sucesivas reediciones y versiones en distintas lenguas Vasilikós ha ido retocando y reelaborando el material hasta llegar a esta edición española de 2014, que el autor considera la versión definitiva.

Hay que reconocer que la unidad de la novela se resiente como consecuencia de este dilatado período de composición, pero por otro lado le añade riqueza de matices y giros inesperados a la trama. Nos encontramos en definitiva ante un curioso juego narrativo que combina una historia de espías un tanto disparatada, ambientada en plena guerra fría, con una reflexión sobre el exilio y la actividad literaria.

Portada de la segunda edició griega

 

miércoles, 15 de junio de 2016

Ítaca de Cavafis en cómic

A través de la página de facebook de Panorama Griego y del blog pijamasurf.com me he encontrado con esta adaptación al cómic del célebre poema Ítaca de Constantino Cavafis. Su autor es Gavin Aung Thang, un dibujante afincado en Australia que publicó la historia hace dos años en su página Zen Pencils, donde traslada al lenguaje del cómic citas y poemas inspiradores como el de Cavafis. Al poco tiempo apareció una versión española en elguindilla.com, de donde he tomado las imágenes.


Otra visión del poema de Cavafis es la que nos ofrece esta versión orquestal del compositor Alexandros Karozas, interpretada por George Dalaras.



ΙΘΑΚΗ 

Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρεις,
αν μέν’ η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωιά να είναι
που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους·
να σταματήσεις σ’ εμπορεία Φοινικικά,
και τες καλές πραγμάτειες ν’ αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ’ έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά·
σε πόλεις Aιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ’ τους σπουδασμένους.

Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί είν’ ο προορισμός σου.
Aλλά μη βιάζεις το ταξείδι διόλου.
Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει·
και γέρος πια ν’ αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.

Η Ιθάκη σ’ έδωσε τ’ ωραίο ταξείδι.
Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο.
Άλλα δεν έχει να σε δώσει πια.

Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε.
Έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.




miércoles, 8 de junio de 2016

Cultura Clásica



He utilizado esta presentación para informar a los alumnos de 2º de ESO sobre las características de la asignatura de Cultura Clásica. La comparto en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ por si a algún compañero le interesa reutilizarla, adaptarla o ampliarla. Las últimas imágenes son de comercios de Tomelloso, pero se pueden sustituir por las de cualquier otra localidad.

domingo, 8 de mayo de 2016

Mitología del sistema solar

En el marco del plan de formación del profesorado se ha organizado este año en el Instituto un seminario de astronomía. Se ha elegido este tema porque se puede abordar desde diversas disciplinas, como la física, las matemáticas, la música, el arte o la mitología. El objetivo es que cada departamento prepare alguna actividad relacionada con la astronomía para aplicarla en el aula con sus alumnos.
Desde el departamento de latín y griego hemos elaborado en primer lugar una presentación en Prezi sobre la Mitología del sistema solar, en la que se explica la relación que tienen los nombres de los planetas y algunos de sus satélites con personajes de la mitología grecolatina.


Después de proyectar y comentar esta presentación en clase hemos dedicado otra sesión a realizar un cuestionario en forma de concurso sobre los contenidos estudiados. Para ello he utilizado una herramienta disponible en internet que conocí gracias al blog Dives Gallaecia. Se trata de Kahoot!, una página desde la que se pueden elaborar fácilmente cuestionarios de elección múltiple que los alumnos responden simultáneamente desde sus dispositivos electrónicos (teléfonos móviles, tabletas u ordenadores con conexión a internet). Las cuestiones se van proyectando en una pantalla y por cada respuesta se obtiene una puntuación diferente en función de si es correcta o no y del tiempo que se tarde en contestar. Antes de cada nueva pregunta los alumnos pueden ver su clasificación, lo que añade mayor emoción al concurso y mantiene el interés hasta el último momento. Al programa no le falta detalle, ya que incorpora una música característica de concurso mientras espera las respuestas de los participantes.


El cuestionario que he preparado para esta ocasión es bastante extenso (50 preguntas) y ocupa prácticamente el tiempo de toda una clase. Con cuestionarios más breves, una vez que aparecen los resultados finales, se pueden volver a cargar las preguntas en modo fantasma (ghost mode), lo que significa que los alumnos no sólo compiten de nuevo entre sí, sino también contra las puntuaciones obtenidas anteriormente. El resultado es bastante satisfactorio, ya que los alumnos repasan y aprenden sin darse cuenta, al mismo tiempo que se divierten. En el siguiente enlace se puede ver el cuestionario que he elaborado para la presentación sobre la Mitología del sistema solar:


martes, 5 de abril de 2016

De nuevo en Pompeya

Ha llovido mucho desde que, con una mochila a cuestas y 25 años menos a las espaldas conocí Pompeya. En ese mismo viaje visité Grecia por primera vez y llegué hasta Estambul, para regresar a España a través de una Yugoslavia que todavía no se había desmembrado por la guerra. Desde entonces no sólo han cambiado las fronteras de Europa, sino también la forma de viajar, aunque sigue existiendo el billete Interrail, que me permitió recorrer el sur de Europa en tren durante un mes en el verano del 90.
Esta Semana Santa he tenido ocasión de regresar a Pompeya en un viaje familiar, pasear de nuevo por sus calles, en las que parece que el tiempo se ha detenido, y entrar en las domus de los antiguos romanos, donde da la impresión de que sus moradores acaban de salir dejándose la puerta abierta. Pocas ruinas romanas sorprenden tanto como Pompeya, donde no sólo las viviendas, sino también los comercios y muchos edificios públicos se mantienen casi intactos.




Cualquier visita a Pompeya se quedaría incompleta sin recorrer las salas del Museo Arqueológico de Nápoles, donde se guardan buena parte de los objetos y obras de arte allí descubiertos, a las que se añaden las monumentales esculturas de la colección Farnese y los magníficos bronces de la Villa de los Papiros de Herculano.






Herculano no es tan grande como Pompeya, pero sus ruinas no son menos sorprendentes. En mi anterior viaje pasé de largo por su estación de ferrocarril, pero ahora no he perdido la ocasión de visitarlo. La erupción del Vesubio en el año 79 d. C. selló y sepultó la ciudad bajo más de 20 metros de material volcánico. Sólo unas cuantas manzanas de la antigua ciudad han salido a la luz, el resto se ha excavado parcialmente mediante túneles. Llama la atención la mayor altura de los edificios aquí conservados, en los que todavía se pueden ver las vigas y peldaños de madera carbonizada, o las rejas de las ventanas. El recorrido termina en los almacenes del puerto, donde yacen los esqueletos de unas 300 personas que dan testimonio de la magnitud de la tragedia allí ocurrida.





Como punto final de este apretado recorrido arqueológico he visitado también las evocadoras ruinas de Paestum, la antigua ciudad griega de Poseidonia, fundada en la región de Lucania, por colonos procedentes de Síbaris. Es sin duda uno de los yacimientos más interesantes de Italia con una extensa área excavada de viviendas y edificios públicos, y con sus tres magníficos templos dóricos, que despertaron la admiración de los viajeros románticos. Junto a las ruinas un completo museo exhibe los hallazgos de la zona, entre los que destaca la tumba del nadador, con esa enigmática figura que se zambulle en unas aguas que quizás simbolicen la eternidad.





lunes, 7 de marzo de 2016

Cocina griega

Nuestra navegante favorita lleva unas semanas inundando de aromas y sabores la blogosfera filohelena con sus recetas de cocina, aderezadas con suculentas anécdotas y una pizca de música griega. Parece que siguiendo su estela, el canal temático de televisión Canal Cocina ha empezado a emitir una serie de programas sobre la gastronomía griega. En cada episodio la joven cocinera María Zannia nos enseña a preparar un par de platos de la cocina tradicional de su país. 


La serie consta de 22 episodios que se emiten de lunes a viernes a las 12,30 y a las 19,30 de la tarde. Algunos se repiten además los fines de semana. Canal Cocina se puede ver a través de las principales plataformas de televisión. Es posible también consultar sus recetas en la página web de la cadena.
Καλή όρεξη